¿Es posible la terapia on-line?

Sobre la Terapia On-line

 Para comenzar debo confesar algo: si hace un par de años alguien me hubiese preguntado mi opinión sobre la terapia on-line yo habría tenido mis dudas respecto de que fuese posible llevarla adelante sin perder gran parte de lo que hace que una terapia funcione. La base para estas vacilaciones es que creo que el vínculo que se establece entre el terapeuta y el consultante es de primordial importancia para que el trabajo terapéutico pueda tener efecto y, en aquel momento, me parecía difícil llegar a establecer un vínculo de este tipo a través de la web.

Evidentemente, he cambiado de opinión (de lo contrario no estaría escribiendo esto ni ofreciendo esta modalidad de terapia). ¿Qué ha motivado este cambio? Creo que son dos cuestiones. En primer lugar, el avance de la tecnología ha conseguido que las interacciones en el espacio virtual remeden cada vez mejor las características de un encuentro cara a cara. Hasta no hace mucho la emocionalidad, por ejemplo, era un aspecto que quedaba por fuera de una interacción virtual. Las emociones se transmiten en mayor medida a través del cómo se dicen las cosas (el ritmo, el tono, la cadencia) que en función del qué se dice y, puesto que los medios de conexión impedían o alteraban en gran medida la transmisión de este cómo, la comunicación terminaba siendo textual… las cosas se entendían al pie de la letra. Alguien podía escribir o decir “estoy asustado” o usar un emoticón que transmitiera esa idea pero el que estaba al otro lado de la comunicación no podía percibir el miedo del otro. Hoy en día dada la mayor velocidad y fidelidad de la comunicación virtual esto sí es posible y, en consecuencia, la terapia on-line comienza a poder incorporar y actuar sobre las emociones (algo que, ami entender, es fundamental para un buen desarrollo de la misma).

La otra razón para mi cambio de opinión tiene que ver con la experiencia. Sucedió que, a partir de escribir en una revista que circula por varios países de habla hispana y de haber viajado a México para coordinar talleres terapéuticos, comencé a recibir inquietudes de personas que querían mantener una consulta conmigo. Accedí a algunas de estas peticiones, siempre aclarando en un principio que no se trataba de una “terapia” si no más bien de una consulta puntual. Sin embargo en la medida que estas entrevistas se fueron desarrollando pude ir comprobando que  mantenían la estructura de una sesión de forma similar a las que suelo conducir en mi consultorio. No sólo esto si no que, a menudo, también se comprobaban los efectos de las mismas, puesto que las personas con las que las había mantenido solían decir que se habían quedado pensando en lo que habíamos conversado en nuestra videollamada o que su estado de ánimo se había modificado de algún modo. Es decir: allí había ocurrido algo. También yo me quedaba la sensación de que aquello no había sido sólo un intercambio de palabras si no que había comenzado a conformarse un vínculo. Extrañamente y contra lo que yo pensaba de antemano, sí parecía ser posible establecer lazos reales aunque estuviesen mediados por un entorno virtual.

En función de estas dos cuestiones todo mi modo de pensar sobre lo virtual se ha ido modificando. Hoy creo que es absolutamente posible desarrollar un vínculo que se sostenga sobre los medios virtuales. No sólo como de inicio de una relación, lo cual es más sencillo de aceptar, sino también de forma exclusiva. El hecho que algunas cuestiones de las relaciones cara a cara no estén presentes en una relación virtual no significa que estas sean menos verdaderas. Quizás yo pudiese resumir mi cambio de postura diciendo que he comprendido que existe diferencia entre virtual e irreal. Los vínculos virtuales no son ficticios, no son meras invenciones de los involucrados. Puesto que pueden afectar y movilizar nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestras acciones, podemos decir que nos “tocan”: nos transforman. Y si es posible la transformación es posible la terapia. Seguramente iremos encontrando en el camino dificultades, obstáculos propios de todo rumbo un tanto inexplorado, pero no por ello creo que debemos dejar de adentrarnos y valernos de herramientas que nos abran nuevas posibilidades.

 

 

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